ZZ…“un anticatalogo de ideas en torno al arte NO convencional”…ZZ

25/9/07

DE LO QUE NADIE QUIERE NI OIR HABLAR

DE LO QUE NADIE QUIERE NI OIR HABLAR
Alfredo Tucci


La nuestra es una sociedad que vive de espaldas a la muerte; sin embargo huir de la realidad no evita que las cosas sean como son. Esta, que es una verdad en lo personal, lo es también en lo social. Las sociedades, países y culturas forman entidades que poseen las mismas funciones que los individuos. Occidente, que es nuestro espacio de realidad, tiene su cabeza, su corazón, sus manos, sus pies… y ¡hasta sus cloacas! Que serían su intestino grueso…Los sueños de una sociedad, se reflejan frecuentemente en sus creaciones artísticas y nada como el Cine, por lo inmaterial de su naturaleza sutil y etérea, para representar los sueños de una sociedad. En los individuos el periodo de sueño es usado por el cerebro para reubicar imágenes, ordenar experiencias, plasmar deseos no realizados, o reciclar aquellos asuntos que por desagradables, tendemos a relegar al subconsciente. La cantidad de películas y series televisivas dedicadas o tocadas por la muerte en los últimos años es un acontecimiento que me sorprendió profundamente. Veamos: “A dos metros bajo tierra” (Six feets under), “Tan muertos como yo” (Dead like me), “Entre fantasmas” (Ghost whisperer), “Tru calling”, “CSI” (en sus muchas versiones, Vegas, Miami, New York), “Bones”, “Urgencias” (ER), “House” y seguro que muchas mas que ahora mismo se me escapan. Tanto hemos querido tapar el asunto de la muerte, que se ahora rezuma en nuestros sueños grupales en una verdadera orgía de puesta a punto. Los demonios de nuestra cultura toman cuerpo y aparecen en series como “Angel” o en la saga de “Buffy cazavampiros”, secuelas de esa puerta siempre abierta por las clásicas películas de vampirismo, y zombies, en una sociedad de lo propio. El mensaje subliminal se repite martilleando nuestras dormidas consciencias y estos seriales triunfan porque es inevitable para nosotros participar de un aquelarre que conjure una deficiencia tan obvia. Soslayar la vía natural tiene estas cosas aunque los substitutos nunca reemplazarán perfectamente la necesidad a la que atienden. Unas veces con forzado sentido del humor, (humor negro), pero siempre con una cierta morbosidad, la muerte se vuelve a colar en nuestra realidad por las pantallas, si bien a través de sucedáneos que como la malta, solo parecen que son. Nada como el verdadero café. Antiguamente los muertos se velaban por tres días antes de enterrarlos. Las mujeres, que son las portadoras de la vida, eran también las guardianas de la muerte y amortajaban los cuerpos. Los niños veían morir a los abuelos y aprendían en vivo y en directo, “con su cuerpo”, como diría Funakoshi, algo que no vale con enseñarlo en un libro. Las agonías nunca eran largas, pues la naturaleza es mucho mas misericordiosa que la medicina alópata. La muerte era compañera natural y contraparte de la vida; nada había que esconder de ella, destino certero para cada quién, no importa donde fuera. Con la parca no hay lugar donde esconderse. Los cuerpos generalmente no se cremaban y así y de paso no aumentaban el calentamiento global; se devolvían a la tierra para que esta hiciera su lento trabajo. Si tardamos en llegar 9 meses, se me hace, no se porque, que algo mas que unas horas tardaremos en diluirnos del todo. ¿Quién lo sabe? Nada en la naturaleza es blanco o negro, todo es siempre una gama de transiciones. La noche llega como el día, lentamente, y lo del encefalograma plano está muy bien para los mecanicistas, no para mi. La consciencia de ser es el área mas importante y curiosamente la menos conocida del hombre, así pues: que tal un ¿por si acaso? y vamos a fiarnos de las antiguas tradiciones. Los antiguos probablemente tenían una percepción mas sutil a la par que natural acerca de ella, y como desde que el hombre es hombre se ha venido muriendo con persistente y testaruda frecuencia, seguro que la experiencia habrá servido de algo a la hora de establecer unas rutinas al respecto. Claro está que hay culturas y culturas, ¡también hay quien se come a los muertos para que se reencarnen en la familia! pero en fin, yo hablo de Occidente y de nuestras tradiciones mediterráneas, greco latinas, que son a la postre ese “fondo de armario” del vestuario de toda la cultura moderna. La tradiciones Judía y musulmana mantienen en general una relación mas natural con el proceso, si bien algunas de sus costumbres ya ritualizadas pueden llegar a ser en extremo puntillosas, hay que reconocer que eso de que te entierren envuelto en un sudario de algodón en vez de en una caja de aluminio, (que impedirá durante muchas décadas que tus restos se mezclen con la madre tierra), parece mucho mas natural y hasta si me apuran ecológico, que está muy de moda. El ejemplo mas disparatado lo encontramos en la cultura del embalsamamiento normalizada en la sociedad estadounidense. ¡Fuera desperdicios! Las tripas por un lado; la carcasa, kilo mas kilo menos de maquillaje, mucho formol y químicos varios por otro, y eso si, si se tiene parné, ataud de lujo, que los hay con tele y teléfono móvil, por si acaso, que eso de la muerte dura mucho. Pasteur tiene la culpa; desde que descubrió lo de los “bichitos” les tenemos mas miedo que vergüenza y los muertos se convierten de pronto en apestados y bombas de microorganismos de lo mas peligroso. ¡Vaya por dios hombre! ¡No se como la humanidad ha podido sobrevivir antes de Pasteur!En fin que cualquier excusa es buena cuando se trata de este asunto del que nadie quiere oír ni hablar. Lo dice el refrán: “El muerto al hoyo, el vivo al bollo”. Esto es también una reacción natural, pero en Occidente nos hemos pasado en lo de la huida y el autismo. Yo creo que el miedo profundo y el rechazo que provocan la vejez y la muerte son el producto lógico de una sociedad narcisista y sobre todo alejada de todo proceso natural. La vejez es empero aún mas bella que la arruga, y con suerte hasta sabia, pero en cualquier caso es la afortunada elección y conquista, de quien supo con persistencia descartar la otra alternativa que todo ser tiene mientras va viviendo, ósea, la de morirse. La vejez es el resumen de los logros, la quintaesencia de una buena destilación, el tiempo del reposarse para las experiencias vividas, recapitulación y rúbrica de una obra bien completada. El recientemente fallecido cineasta Sueco Ingmar Bergman dijo en cierta ocasión que “la vida era como subir una montaña. Cuando te acercas a la cima al final en la vejez, puede que te falte el aire pero tu mirada adquiere una dimensión mas libre y única.” Castaneda decía que todo lo que toca la muerte posee poder. Yo he podido comprobar esta afirmación muchas veces y estoy seguro que tu estimado lector, si has permanecido lo suficientemente alerta, también. Cuando la parca ronda a alguien cercano, familiar o no, el efecto es generalmente mas intenso. Los brujos sostienen que un remanente propio del ser, una especie de deposito energético desarrollado durante la existencia de cada persona, es liberado en el momento del fallecimiento. A este remanente lo llaman sombra y mantienen que siempre alguien hereda esta sombra. Esta energía residual tiene que ver mas con las formas que con los contenidos, es decir no hablaríamos del alma sino de un conjunto de energías fruto de las rutinas y peculiaridades vitales del fallecido. En Oriente en muchas escuelas de Artes Marciales es algún alumno el que recoge esta fuerza y adopta la herencia formal del Maestro. Poco tiempo después del deceso comienzan a parecerse a él hasta fisicamente, incluso cuando nunca se les hubieran parecido anteriormente.La muerte siempre nos toca cerca de los riñones y todo lo que ellos dominan, suprarrenales, tren inferior, vejiga, lo que en Oriente se llama energía “agua”. El miedo es la música de fondo, natural reacción ante el misterio y lo desconocido; el miedo la emoción negativa de este elemento habita en los riñones tanto como la bravura lo hace en la vesícula. La muerte siempre llega acompañada de un extraño frío, y ese frío y la humedad son la energía propia del elemento agua. Perdemos agua en el llanto por los que se fueron, y el dolor de la perdida nos encoge el corazón, (el punto opuesto del agua, la energía fuego). El negro es el color de los riñones y del elemento agua, la parca siempre se ha representado vestida de ese luctuoso color; el negro que simboliza la caída del telón, la oscuridad que representa el cierre de los parpados. Pero no solo en Oriente la tradición nos aporta señales para comprender el transito final. La guadaña que siega las vidas es la herencia del símbolo de Saturno, Cronos, el tiempo comiéndose a sus hijos. Nada representa mejor esta fuerza que el tardío cuadro con el mismo título de Don Francisco de Goya y Lucientes, expuesto en el museo de Prado de Madrid. Una increíble obra de la “época negra” del genio español. Saturno es el viejo demonio del altar de nuestros antiguos, pero sin olvidar a Plutón, el verdadero dios de las profundidades que descompone todo lo que entra en su reino, (siempre unido al mito del ave Fénix), para renazca completamente transmutado. Estos dioses transpersonales forman parte del mausoleo que ocupa el inconsciente colectivo de Occidente y aún ignorados por el vulgo, permanecen como potentes símbolos integrados en esa memoria no explicita que tan bien definió Carl Jung. La muerte es el destino inequívoco de todo lo vivo. Negar o ocultar esta realidad es un flaco favor para los mas jóvenes, pero también lo es para los mayores. Solo la cosnciencia de la finitud puede dar valor al presente. Reza el clásico aforismo “vive con la intensidad de un moribundo y con el desapego de un inmortal”. La vida se reafirma en su contraparte. Quienes han pasado por experiencias cercanas al fin, frecuentemente cambian el rumbo de sus vidas. Pero no es necesario dejar la iniciativa en manos del destino. Retomar un sano acercamiento a esta verdad incontestable, es el mejor aporte de salud vital que podemos hacer de forma voluntaria y consciente. Cambiar este paradigma obsesionado con ocultar la muerte en nuestras sociedades, pasa, como casi todo los cambios, por que cada uno de nosotros realice tal proeza. No es pequeña la aportación que en este sentido puede realizar el educador Marcial, pues la presencia de la muerte está implícita en nuestras prácticas, sea de forma simbólica, sea de forma real. “Un golpe, una vida” reza el dicho clásico del Karate. Aunque frecuentemente el día a día de los dojos pueda estar lejos de tales principios, la propia dinámica educativa de las Artes Marciales posee un innegable valor para confrontar la realidad en varias esferas, y además la muerte, como plausible episodio final de todo enfrentamiento, está siempre ahí por mas que su presencia se manifieste a través de una ritualización. Al contrario de lo que piensa la mayoría, y dado que todo se ve en su opuesto, solo a través de la muerte adquiere valor la vida. Huir pues de la consciencia de la misma es un error incluso para los mas dionisiacos de los mortales, y sin necesidad de caer en fetichismos, gores, lutos y pálidos inventos o morbosas modas, afrontar su existencia afirma la vida como nada lo puede hacer. Los Lakotas, mas conocidos como indios Sioux, tenían una frase magnífica que da la verdadera dimensión de la grandeza espiritual de un pueblo sencillo y natural; la mañana de la batalla o de un enfrentamiento o prueba importantes en sus vidas, se repetían a si mismos: “Hoy es un buen día para morir”. La parca, constantemente acechando, da a cada guerrero consciente el poder para lograr proezas inmensas en el ámbito de la consciencia de ser, imposibles de lograr sin tal estímulo. Hasta el mas común de los mortales se beneficiaría de abrazar la realidad implícita en la consciencia de la finitud, en lugar de huir de ella en alas del pavor que en cada ser despierta. Pocas son ya las prácticas que posibilitan tal consciencia. Arrinconadas y nadando contra corriente en nuestras complacidas sociedades modernas, Occidente en pleno, les vuelve la espalda. Los toros y las Artes Marciales poseen el extraño privilegio de compartir su pertenencia a este club tan exclusivo como importante, pero por ello no debemos olvidar que son y serán demonizadas por ello. Pero… ¿quién dijo que el destino del ser guerrero fuera cómodo?

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