ZZ…“un anticatalogo de ideas en torno al arte NO convencional”…ZZ

25/9/07

PAYASOS


PAYASOS
Enrique Enriquez
El domingo en la mañana fuimos al circo y la pasamos muy bien. El espectáculo fue un poco mas plano que el del año pasado, pero sin embargo Emilio lo disfrutó mucho (con excepción de un momento en que un payaso le quitaba un zapato a alguien del público para hacer malabarismos, y durante el acto de lanzamiento de cuchillos, donde dijo "tengo mucho susto"), gozó viendo infinidad de números ecuestres, cocodrilos, tigres y por supuesto los elefantes, y hasta Matías se puso a gritar muy contento viendo a un hombre hacer equilibrios en una inmensa estructura giratoria. Creo que este fue el acto más celebrado, simplemente por una razón que se me hizo muy interesante: el sujeto estuvo punto de caerse varias veces, y no había red debajo. De hecho, una vez cayó mal y casi se sale de la "Rueda de la Muerte", que es como se llamaba el aparato. En general todos los actos de circo encierran un peligro, pero están tan bien ejecutados que parecen sencillos y uno olvida el riesgo que corren los actores. Esta vez, al ver al hombre trastabillar (aún no sé si de verdad o como parte del show), se quebraba la ilusión, uno recordaba que el tipo podía matarse de verdad en cualquier momento, y eso de inmediato reavivaba la emoción del público. Algo que en general resulta flojo en los circos y que a mi sin embargo me interesa mucho son los actos de payasos. Ayer hubo uno muy bueno, donde el payaso principal intentaba hacer un acto de cuchillos. Luego de fallar en conseguir que algunos de los otros payasos se prestara como voluntario, tomaba a una pareja del público, sentaba a la mujer en una sillita y colocaba al hombre frente a la tabla donde se clavarían los puñales. El chiste consistía en que justo antes de lanzar el cuchillo, un segundo payaso cubría la cara del hombre con un saco de tela, impidiéndole ver que era él mismo quien en realidad clavaba los puñales, atajándolos cuando el payaso principal se los lanzaba suavemente. La esposa o novia del tipo veía todo y se reía, claro esta, pero el pobre hombre estaba aterrado, pensado que de verdad los cuchillos volaban por el aire, girando a toda velocidad, antes de clavarse a centímetros de su cara, brazos o piernas. Finalmente el payaso sacaba un globo rojo, y a falta de mejor lugar para colocarlo, lo encajaba entre las piernas del voluntario. Entonces, sacaba un tobo plástico y lo colocaba debajo, como para "recoger" "aquello" que podía caerse si el cuchillo se cavaba ligeramente más arriba. Esto iba acompañado de grandes carcajadas del público, que se incrementaron cuando el payaso, tras aparentemente conferenciar con la mujer del tipo, quitó el tobo que había puesto y colocó uno más pequeño. Vanessa consideró todo aquello muy aburrido, pero para mi fue una comprobación exacta de tos las teorías del humor que existen. Aparte de eso hubo en momento en que dos docenas de payasos salieron a escena, sólo a dejarse ver. Lo interesante del asunto es cada uno de ellos era un chiste visual. Uno por ejemplo tenía unos pantalones que simulaban un cocodrilo con la boca abierta, y unas piernitas extras pegadas justo a la cintura, de manera que lo hacían ver como engullido por el animal. Otra mujer llevaba dos cocodrilos en los pies y uno bajo el brazo, semejando zapatos y cartera de cocodrilo, y así… imágenes de intención cómica muy claras. Este acto cumplía una función que tiene mucho que ver con una de las cosas más interesante del circo en términos conceptuales, y es la relación entre lo visible y lo invisible, entre proceso y resultado. Cuando en el circo te muestran algo, es porque quieren ocultarte otra cosa. Esa es una premisa del espectáculo en general (que existe también en la acción artística, evidenciándose con claridad específicamente en el acto de dibujar, donde el trazo que se reafirma deja detrás a los que no) que en el circo se hace especialmente evidente: cada acto es a un tiempo el evento en sí mismo y la distracción para preparar el acto siguiente. La pista a oscuras bulle de actividad, de peones levantando mástiles, tensando redes o colocando pedestales, y la luz que se enciende lo hace paradójicamente para no dejarnos ver, para mostrarnos sólo en determinado punto a un actor que al realizar su acto ajeno a todo el movimiento que tiene alrededor, pretende que nosotros lo ignoremos también. Un dibujo terminado llama la atención sobre la intención definitiva de su autor, pero deja entrever los trazos que intervinieron en el proceso. El resultado convive muchas veces con los vestigios de su proceso creativo. En el circo pasa igual, sólo que curiosamente ese trabajo corresponde casi siempre a los payasos, quienes generan la distracción necesaria para que el proceso de construcción del siguiente acto pase a segundo plano, convirtiéndose así mismo en un trazo tenue, que sin embargo siempre presentimos.
Abrazos, EE